Amigas en pedales: la experiencia de correr una carrera junto a tu partner (GFNY Chile)

Todo partió como parten las mejores aventuras de amigas; con una noche de locura, algo de cerveza y mucha, mucha adrenalina post carrera. Sí, tal cual; veníamos recién terminando la Gran Fondo Fin Del Mundo, estábamos en pleno brindis por nuestro éxito personal cuando mi partner y adorada amiga del alma, Albita, me dice: “Por qué no estás inscrita en la GFNY? Yo no voy a ir sola a esa carrera, por lo que en este instante te estoy inscribiendo… ¿sabes qué más? Será mi regalo de navidad y cumpleaños!”.

Una vez inscritas ambas a los 80K (Ni soñábamos con los 140k ni menos después de indagar un poco de cómo era la ruta, extrema, con el famoso “muro de TUNQUÉN“ conocido por las caídas de experimentados ciclistas, caminatas al hombro con la bicicleta y corte de cadenas por montones).


Comenzaron a pasar los días y acercarse la fecha de la competición; yo toda matea comencé a diseñar nuestro afinamiento pre competitivo solo dos semana antes (que era el tiempo que teníamos para prepararla). Comenzamos con nuestro plan de entrenamiento de fuerza, de rodillo y nutrición deportiva (tres de mis pasiones a la cual les dedico mucho estudio diariamente). Así pasábamos los días haciéndonos reportes diarios de los entrenamientos y cada comida 🥗, planificando cada detalle y pensando cada día más en la posibilidad de cambiarnos de categoría (de la corta a la larga) ya que nos sentíamos súper capaces de lograrlo… y acordamos tomar esta decisión en conjunto (como todo con Albita) cuando faltasen unos tres días!

Como todo en la vida, hay factores que se nos escapan de las manos, nos ocurrieron dos eventos extraños (tal vez pruebas del destino) justo a una semana de la carrera: Albita se cayó feo feo en un paseo de ciclismo con nuestro querido team “fuerzas especiales “ en Portillo, y yo, figuraba en cama súper resfriada con amigdalitis y otitis. Por lo que a partir del día lunes de la semana de la competencia solo nos quedaba reírnos y pedirle a Dios y al universo que nos sacará de este impasse del destino.

Así fue acercándose a pasos agigantados el día de la carrera! Se nos mezclaban las emociones, sensaciones y hasta las ideas… ¿qué hacer? Ambas a medio morir saltando! La noche previa al retiro del kit para la carrera no dormí nada por dos motivos: la tos y mi cabeza que no dejaba de repetir que no estaba al 100%…. Ese día desperté clara, quería ponerme a prueba y comprobar que la disciplina y constancia dan frutos. Sabía que no podría ir al ritmo de competición que me habría gustado meterle, pero también sabía que acompañada con mi amiga querida y la mejor compañera de pedaleo del mundo, a un ritmo respiratorio pausado y consciente la podríamos terminar!


Fuimos a retirar el kit, Albita no paraba de preguntarme cómo me sentía, a lo que yo respondía: Suuuuper bien (Falso). Hicimos la fila juntas y cuando llegó el momento de decidir, nos miramos y dijimos al mismo tiempo a la chica encargada de entregar el kit, “nos cambiaremos de categoría, vamos a la larga” . 5 minutos después figurábamos sentadas en un café ☕️ agarrándonos la cabeza y riéndonos de nuestra falta de cordura una vez más 🤪… (Olvidé mencionar que además del feo golpe de Albita y mi amigdalitis con otitis, tenía el dedo índice de la mano izquierda en recuperación por una fractura 😂) por lo que nos reímos a gritos pensando en llevar una muleta, un tanque de oxígeno y un inmovilizador de dedo en la tricota!

Y bueno... los entrenamientos no se hicieron como me hubiera gustado, lo que sí cumplimos religiosamente fue el plan nutricional y de hidratación que diseñe para ambas! Además me preocupé los días previos, de comprar toda la comida necesaria para llevar sobre la bicicleta. Soy una convencida de que pedaleamos según cómo comemos, y sin una buena nutrición previa y durante la carrera, no rendirás bien aunque hayas entrenado lo que hayas entrenado.


¡Por fin llegó el día! Sonó la alarma 3:40 am. ¡Buen desayuno con un café gigante! Albita llegó a la hora acordada y partimos a una más de tantas aventuras juntas! El día estaba maravilloso con un sol radiante, llegamos muy temprano (cosa que me gusta mucho para arreglarnos con calma y chequear todo como corresponde). Comenzó la hora de encajonarse y quedamos muy atrás, junto a los de 80K y no podíamos avanzar, así que aplicamos plan B, tomamos las bicicletas en brazos y caminamos por el lado hasta ponernos delante de todos y pudimos salir por fin, alrededor de 10 minutos después de los de nuestra categoría. Pero como nuestro lema es, al mal tiempo buena cara, dijimos “filoooo, nos bastamos las dos para hacer esta carrera juntas como siempre!”.

Y ahí comenzó el disfrute, a lo que vinimos, pedalear por hermosos paisajes acompañados de mi amiga Albita no tiene igual, fuimos a nuestro ritmo, lo que me permitía los pulmones!


Íbamos dosificando muy bien los kilómetros restantes y guardando piernas para ese “gran muro”, ya habíamos acordado parar en los abastecimientos y un baño en el camino! Así se nos fue dando esa hermosa ruta entre campo, bosque y playa, con sus subidas pesadas y sus bajadas muy técnicas, sorteando baches del camino, alentando a ciclistas que íbamos pasando y ayudando a los que veíamos con alguna complicación.

Desde cantar, reír y maravillarnos juntas de los paisajes pasamos al más puro nerviosismo cuando llegamos a la base del “famoso muro de TUNQUÉN”. Ahí paramos, tragamos saliva y 💧 agua! Y dijimos: ¡Amigaaaa, a lo que vinimos! ¡Comenzó la diversión! Concentradísimas y siempre juntas comenzamos con las S y Z para subir esa muralla que es realmente heavy! Vimos de todo: cortes de cadena, caídas, ciclistas caminando y nosotras siempre tranquilas , respirando a ritmo y manteniendo la calma cuando literalmente la rueda delantera se nos despegaba del pavimento (tipo caballo 🐴 desbocado😂).

Y así , siempre juntas y más felices que perro con dos colas, no nos percatamos que ya solo faltaban 12 kilómetros para llegar a la meta 🏁. Fue ahí cuando me di cuenta lo mal que venía, mucho dolor de garganta y oídos, vías respiratorias muy tapadas y escalofríos. Albita empezó a notar que ya me quedaba atrás y me preguntaba cómo estaba, y yo , para no preocuparla, le decía que bien, ¡pero que bajara el ritmo!


En un momento le dije “amiga dale tú y yo sigo a mi ritmo y nos juntamos un poco antes de la 🏁 meta” (ya que queríamos pasarlas juntas de la mano) y ella me mira y me dice ¿estás loca? NINGUNA posibilidad de dejarte atrás sola! Y ahí es cuando te das cuenta (una vez más) que tienes la mejor dupla partner y amiga del mundo mundial! Y así fue, fueron los 12 últimos kilómetros más duros de mi vida sobre la bici, donde te preguntas ¿qué (/&/&$%& hago aquí? Jajajaja. Pero lo logramos, pasamos esa meta juntas y de la mano una vez más. Otra de muchas aventuras vividas sobre ruedas con mi Albita, otra medalla para el alma, otra historia para mis futuros nietos y lo más importante: otro sueño cumplido que me hace ser una eterna agradecida de la vida por lo que me ha regalado!!!!

Acá les comparto, con mucho cariño, lo que fue mi experiencia en la GFNY y lo hermoso que es tener una partner de aventuras y sueños sobre ruedas!


Lorena Naser

Cycling lovers


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