Con mi hijo sobre la bicicleta

Esto fue inspirado en un post anterior de mis queridas Reinas del Pedal.


Somos mujeres, y ya es difícil el sólo hecho de nombrarlo. Cumplimos tantos roles hoy, hijas, hermanas, madres, amigas, trabajadoras, dueñas de casa, algunas con maridos, (que parecen otro hijo más Jijiji... broma, pero cierta), otras abuelitas y tantos roles más. Pero me quiero detener en el más importante; no debemos olvidar, que somos MUJERES. Y para que todos nuestros demás roles marchen bien, nos debemos tiempo para nosotras. En mi caso, aparte de compartir con mi gente, le dedico el tiempo que puedo al ciclismo que es mi terapia o así le digo yo, así lo siento yo, así lo vivo yo. Es mi gimnasio, mi terapeuta, y la naturaleza es mi respiro a la libertad máxima cuando siento el viento en la cara. ¿Les pasa también a ustedes?



Les cuento un poquito de mí, soy mamá soltera y vivo sola con mi hijo Benjamín que tiene 6 años. Cabe mencionar, que mi hijo tiene TEA (Trastorno Espectro Autista) nivel 1. No es fácil pero querer es poder. Hubo un tiempo muy duro en mi vida de esos donde uno toca fondo y el ciclismo ha sido mi terapia, que luego de días, meses y años lo conviertes en hábito, un muy buen hábito haciéndolo partícipe de tu vida y los tuyos. La bici es muy importante para mi hijo, ayudó a su sistema psicomotor, equilibrio y para sociabilizar con otros niños.

Entonces... Siendo mamá de un niño de 9 meses, ¿Cómo lo hacía? Compré un coche-bici que me servía para pedalear y practicar la terapia en conjunto con mi hijo. Era muy cómodo para los dos, ya que lo tenía en frente y me permitía ver todo lo que pasaba con él. Fue nuestro medio de trasporte para el jardín, hasta su cuidadora lo usaba cuando yo estaba en el trabajo.



Luego, me compré un carrito de remolque, porque cuando se mantenía bien sentado y caminaba, era más pesado y mis piernas lo sabían. Lo único malo del carrito, es que era tan cómodo y seguro, que a los 5 km mi hijo se quedaba dormido. Y la mamá con todas las ganas quería seguir pedaleando, pero no podía exponerlo a eso, así que nos regresábamos a la casa, llegaba bien relajado.


Después quise ser más práctica, y le compré esas típicas sillas que se anclan a la bici en forma rápida. Se dormía igual pero nos permitía salir en forma más ligera (mucho equilibro ahí, ¡ojo!)


Cuando mi hijo ya estaba más grande, compré un carrito-asiento, donde él hacía el ejercicio de pedalear. En ese momento si que empezó a disfrutan de la aventura y esa sensación del viento en la cara. Empezó a pedalear sólo, pero era muy loco, y a mí me da terror salir sin engancharlo a mi bici.



Y hoy le compré un co-pilot, es una bicicleta de niño con una barra de arrastre que se engancha en mi bici, donde el pedalea y me ayuda, ya que hoy pesa 30 kilos, más las bicicletas.

Dicen que los padres enseñamos con el ejemplo. Y así como yo trato de hacerlo con mi hijo, el próximo paso será pedalear juntos por separado, respetando sus tiempos y obviamente enseñándole la conciencia vial y todo lo que conlleva ello.

Bueno, también me gusta salir sin él jajaja, a mi ritmo, rutas más largas y duras. Con ese sentimiento de culpa, que ustedes mamás ya conocen y que cuesta tanto sacarse de la cabeza mientras nos dedicamos tiempo a nosotras. Y saber que no somos las únicas mamas raras, porque nos apasiona la bici, porque nos terapeamos con ella.


Olvidé mencionar que en invierno o simplemente cuando no puedo salir, ocupo la de spinning, que también me la piden prestada.. jajaja.


Esto es lo lindo del ciclismo, he conocido gente de muchas partes, todos unidos por la misma pasión, y en nuestro caso, mujeres, muchas compatibilizando con la maternidad.

MI CONSEJO, DEL ALMA; Nunca olviden esta ecuación; “Mama Feliz = Hijos Felices”

Con cariño, y desde mi intimidad, les comparto mi experiencia.

Mery Isabel.



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